“Queremos ser campeones desde el banco” La comodidad que frena a la Industria del Deporte

“Queremos ser campeones desde el banco” – La comodidad que frena a la Industria del Deporte
La conversación sobre el deporte como industria lleva años creciendo en Latinoamérica, y hoy Colombia empieza a consolidarla con más fuerza. En ese escenario, Mentor DIES surge no como un anuncio disruptivo, sino como una respuesta necesaria: profesionalizar la gestión de clubes, ligas y organizaciones deportivas para que pasen de sobrevivir con voluntad a competir con estructura. Este blog explora cómo la formación, la digitalización y la mentalidad empresarial se convierten en los nuevos entrenamientos del sector. Desde Conexión Esfera también estamos haciendo nuestra tarea: reconocer en qué somos fuertes, identificar dónde debemos mejorar y alinear nuestro camino con el de quienes quieren transformar la industria. Porque gestionar mejor no es un privilegio, es un acto de rebeldía inteligente que convierte el deporte en una industria sostenible, humana y con futuro.
 
El diagnóstico de Deporte al Barrio en su primer piloto en la localidad de Suba no nos reveló una crisis inesperada. Nos enfrentó a algo más incómodo y persistente: malos hábitos normalizados dentro del ecosistema deportivo. Hábitos que no nacen de la falta de talento ni de la ausencia de vocación, sino de una comodidad inoperante que se fue instalando con el tiempo.

Encontramos organizaciones que nacieron en parques, con un par de balones y un grupo de creyentes profundamente enamorados de su disciplina. Ese origen es valioso y legítimo. Pero también evidenciamos cómo, en muchos casos, ese punto de partida se convirtió en un lugar permanente, olvidando que incluso los proyectos más pequeños —cuando se reconocen como actores de salud pública, formación y bienestar— tienen la responsabilidad de evolucionar.

Como sector, hemos aprendido a convivir con la queja constante. Señalamos lo que no funciona, reclamamos apoyo y exigimos reconocimiento. Sin embargo, cuando aparece la invitación a organizarnos, a innovar o a pensar con mayor ambición colectiva, la acción no siempre acompaña al discurso. Queremos ser campeones desde el banco de suplentes, sin haber entrenado lo suficiente para sostener el ritmo del juego.

Este texto no nace desde la desesperanza ni desde el juicio. Nace desde una reflexión necesaria: ¿en qué momento la comodidad empezó a pesar más que la posibilidad de grandeza? Porque el entorno puede ser limitado, pero el verdadero freno aparece cuando nos acomodamos a él, incluso sabiendo que el deporte tiene un potencial transformador enorme.

Por eso, desde Conexión Esfera, reafirmamos nuestro propósito superior:
“Nos comprometemos a transformar cada reto en una solución que conecte, funcione y deje huella. Hacemos equipo contigo para que el deporte sea herramienta, puente y motor de evolución.”

Este blog es una invitación a mirar de frente esos hábitos, no para señalarlos, sino para decidir conscientemente si queremos seguir repitiéndolos o empezar a cambiarlos.
 

La informalidad no es un punto de partida eterno


La informalidad, en muchos casos, fue el punto de arranque. Permitió que proyectos nacieran con pocos recursos, mucha vocación y un fuerte vínculo comunitario. Eso no es el problema. El mal hábito aparece cuando esa informalidad deja de ser transitoria y se convierte en una zona de confort, en una forma de operar que se justifica a sí misma con el paso del tiempo.

Normalizamos prácticas que limitan el crecimiento: decisiones sin datos, gestión improvisada, ausencia de procesos básicos y una relación distante con la planificación. No por desconocimiento, sino porque “así siempre ha funcionado”. Esa lógica puede sostener la supervivencia, pero rara vez permite evolucionar. Y el deporte, cuando se asume como actor de salud pública, formación y bienestar, no puede quedarse en la lógica mínima del aguante.

El diagnóstico en Suba fue claro en ese sentido: existe talento, existe compromiso y existe impacto social, pero también una resistencia silenciosa a ordenar la casa. A entender que formalizar no es perder esencia, sino ganar estructura; que organizarse no es traicionar el origen, sino honrarlo con visión de futuro. La informalidad puede ser un inicio válido, pero convertirla en destino es una decisión que limita el alcance del deporte como motor de desarrollo.

Aquí no se trata de crecer por crecer, ni de replicar modelos ajenos. Se trata de asumir que la disciplina organizacional también es parte del entrenamiento, y que sin ella, cualquier proyecto —por noble que sea— termina girando sobre sí mismo, sin avanzar.


El Deporte como motor de Desarrollo

 

El deporte no es solo práctica, ni únicamente competencia. Es un motor de desarrollo que articula educación, salud, economía y tejido social. Cuando se entiende así, deja de operar como un nicho pequeño y empieza a comportarse como un sistema con capacidad real de generar valor compartido. El mal hábito aparece cuando lo reducimos a la sobrevivencia del proyecto propio, desconectándolo de su impacto más amplio.

Vivimos un momento en el que la tecnología avanza a una velocidad sin precedentes. La inteligencia artificial optimiza procesos, automatiza decisiones y redefine industrias enteras. Sin embargo, hay algo que ninguna IA puede replicar: la experiencia humana que se construye en una cancha, en un entrenamiento, en el vínculo entre quien enseña y quien aprende, en la gestión de emociones, frustraciones y logros que atraviesan el cuerpo y la mente. El deporte, la recreación y la actividad física siguen siendo —y seguirán siendo— acciones profundamente humanas.

Justamente por eso resulta contradictorio que un sector con tanto potencial transformador se conforme con operar en pequeño. El deporte no compite con la tecnología; se complementa con ella. La tecnología estructura, mide y amplifica; el deporte forma, cuida y conecta. Cuando esa relación se entiende, el deporte deja de ser un gasto o un favor social y se posiciona como un activo estratégico para el desarrollo territorial y comunitario.

Asumir el deporte como motor implica cambiar el hábito de pensar solo en el corto plazo. Implica entender que cada escuela, club o escenario deportivo no es un fin en sí mismo, sino parte de un ecosistema más amplio. Un ecosistema que puede —y debe— aportar a la salud pública, a los procesos formativos y a la construcción de bienestar real, siempre que exista la disciplina para mirarlo más allá del propio borde.
 

Educación y acción: dos piernas para poder avanzar


Como sector, hemos invertido tiempo y esfuerzo en hablar de educación. Programas, cursos, capacitaciones, discursos bien intencionados sobre la importancia de formarnos mejor. Todo eso es necesario. Pero hay un mal hábito que se repite: confundir educación con avance, como si aprender fuera suficiente para transformar la realidad.

La educación es una pierna. La otra, inevitablemente, es la acción. Cuando una de las dos falla, el resultado es evidente: no avanzamos, giramos en el mismo lugar. Aprendemos conceptos, repetimos diagnósticos, acumulamos presentaciones… pero no cambiamos prácticas, no ajustamos decisiones, no asumimos riesgos reales. El conocimiento sin acción se vuelve cómodo; la acción sin educación se vuelve improvisada.

El diagnóstico de Suba lo mostró con claridad: hay voluntad de aprender, pero cuesta llevar ese aprendizaje al terreno cotidiano. Ordenar procesos, tomar decisiones basadas en información, colaborar con otros actores, pensar en red y no solo en el proyecto propio. Avanzar paso a paso requiere disciplina, constancia y una renuncia consciente a la comodidad de quedarse donde ya sabemos movernos.

Si queremos que el deporte evolucione como motor de desarrollo, necesitamos entrenar ambas piernas al mismo tiempo. Educación para ampliar la mirada y acción para materializarla. Sin excusas heroicas, sin esperar condiciones ideales. Con pasos firmes, conscientes y sostenidos. Porque el verdadero progreso no ocurre cuando sabemos más, sino cuando decidimos hacer algo distinto con lo que ya sabemos.
 
Este primer blog de 2026 no busca señalar ni simplificar una realidad compleja. Busca algo más exigente: invitar a una toma de conciencia adulta. El deporte en Colombia no está detenido por falta de talento ni por ausencia de vocación, sino por la repetición de hábitos que ya no responden a la magnitud de su impacto social, formativo y humano.

La comodidad inoperante no siempre se manifiesta como desinterés; muchas veces se disfraza de buenas intenciones, de tradición o de resistencia al cambio. Pero cuando el deporte se reconoce como motor de desarrollo, como actor que impacta positivamente a nivel social, economico y ambiental, esa comodidad deja de ser una opción. Se convierte en una decisión que tiene consecuencias.

Desde Conexión Esfera creemos que el camino no es la confrontación estéril ni la crítica fácil. Es el trabajo disciplinado, la acción consciente y la construcción colectiva. Transformar cada reto en una solución que conecte, funcione y deje huella implica asumir que el cambio no ocurre de una vez, sino paso a paso, cuando educación y acción avanzan juntas.

Este texto es una invitación abierta a entrenar esa doble pierna. A dejar de girar sobre lo mismo y empezar a avanzar, incluso cuando el camino es exigente. Porque el deporte tiene todo para ser herramienta, puente y motor de evolución, siempre que quienes lo lideramos estemos dispuestos a hacer algo distinto con lo que ya sabemos.
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