La eclosión del deporte noruego: no seleccionaron mejor, desarrollaron mejor

La eclosión del deporte noruego: no seleccionaron mejor, desarrollaron mejor
 
Noruega no se convirtió en potencia deportiva por seleccionar mejor desde edades tempranas, sino por desarrollar a más personas durante más tiempo, con menos presión, más disfrute y más posibilidades de explorar distintos deportes. Detrás de sus resultados hay una mentalidad que prioriza la felicidad de los niños y las niñas, la igualdad de acceso, el aprendizaje integral y la construcción de procesos sólidos por encima del afán por ganar rápido.

Aunque ese modelo también está profundamente relacionado con las condiciones sociales y económicas de Noruega, la conversación que abre sí nos toca de frente en Colombia. No para copiarlo de manera ingenua, sino para preguntarnos qué sí podemos empezar a cambiar. Tal vez no podamos resolver de golpe la desigualdad estructural, pero sí podemos revisar cómo estamos formando, qué tanta presión estamos poniendo y qué tanto estamos permitiendo que niños y niñas exploren antes de ser encasillados o descartados.

El 93% de los jóvenes en Noruega ha pasado, en algún momento de su infancia, por algún deporte organizado. Suena impresionante, sí, pero lo realmente potente no es solo el dato: es lo que hay detrás.

No estamos hablando simplemente de una cifra alta de participación. Estamos hablando de un sistema que logró que entrar al deporte no fuera una carrera de eliminación temprana ni un privilegio reservado para unos pocos. Y ahí empieza una conversación que vale la pena poner sobre la mesa: Noruega no parece haberse obsesionado con encontrar talentos desde muy temprano, sino con desarrollar a más personas, durante más tiempo y de mejor manera.

Ese matiz lo cambia todo.

Porque mientras en muchos lugares el deporte infantil y juvenil empieza a parecerse demasiado rápido a una pista de selección, de presión y de descarte, en Noruega la lógica parece ser otra. Más calma. Más proceso. Más formación. Más posibilidad de explorar. Menos ansiedad por definir desde los 7 u 8 años quién sí sirve y quién no.

Y eso, aunque parezca simple, puede ser profundamente revolucionario.
 
¿Por qué será tan difícil dejar que cada quien encuentre su propio camino deportivo? ¿Por qué esta obsesión de encausar según lo que creemos, queremos o proyectamos nos ha vuelto tan locos y locas? Padres y madres llevando niños y niñas de 7 u 8 años a entrenar toda la semana, disque para el alto rendimiento. ¡Hágame el favor!

Esto ya está más que estudiado: una de las razones más fuertes por las que muchos jóvenes abandonan el deporte es porque deja de ser divertido, y la otra porque sienten demasiada presión. No voy a hablar aquí de pobreza, de violencia, de poco acceso o de todas esas cosas que son el pan de cada día en este país, porque tocaría hacer otro blog para eso. Aquí me quiero quedar en tres puntos que parecen básicos, pero que pueden cambiar muchísimo la conversación: disfrutar el deporte, bajar la presión y tener la posibilidad de probar varios deportes.

Y es justamente ahí donde el modelo noruego llama la atención. Allí no parece haber jóvenes talentos por un lado y jóvenes descartados por el otro. Hay jóvenes que se desarrollan. No se les expulsa tan rápido, no se les encierra tan temprano, no se les mide tan pronto solo por el resultado. Se les forma.

Además, probar diferentes deportes no es solo variar por variar. También es conocer otras culturas, otras formas de entender el cuerpo, otras maneras de competir, de convivir y de relacionarse con el esfuerzo. Hay cosas que varios deportes comparten, claro: trabajo en equipo, disciplina, constancia. Pero también hay otras que son profundamente propias. No es lo mismo lo que te enseña el rugby, con toda su carga ética, su respeto por la norma y su sentido colectivo, que lo que te exige el fútbol, con su lectura del espacio, su ritmo y su toma de decisiones constante.

Eso importa mucho más de lo que a veces creemos. Porque cuando un niño o una niña pasa por varios deportes, no solo desarrolla habilidades motrices. También gana mundo. Gana lenguaje corporal. Gana herramientas sociales. Gana maneras distintas de lidiar con la frustración, con la presión, con el otro y consigo mismo. Explorar también forma.

Por eso no es menor que en Noruega se impulse esa posibilidad de explorar antes de clasificar. El caso de Erling Haaland ayuda a entenderlo bien. Antes de convertirse en una figura mundial del fútbol, pasó por otros deportes. Y eso no es un dato curioso ni una anécdota simpática: eso también construye cuerpo, coordinación, potencia, versatilidad y lectura del movimiento.

En Colombia también tenemos ejemplos que muestran que el camino no siempre aparece desde el principio. Caterine Ibargüen no arrancó directamente en el lugar donde terminó brillando. Su proceso pasó por otras pruebas hasta que, con la lectura adecuada de sus entrenadores, encontró el escenario donde realmente podía potenciar todo lo que tenía. Y ahí hay una lección enorme: a veces el camino no aparece de entrada; aparece cuando hay tiempo para explorar, cuando no te descartan antes de tiempo y cuando alguien sabe mirar más allá de la prisa.

Ahora bien, tampoco se trata de romantizar a Noruega ni de copiarla como si estuviéramos parados en las mismas condiciones. No lo estamos. Todo lo que Noruega puede hacer también está profundamente ligado a su modelo económico y a su modelo social. Es una sociedad mucho más igualitaria, con una distribución de riqueza y recursos que reduce barreras de acceso y de permanencia. Eso no pasa en Colombia, al menos no todavía.

Aquí las brechas siguen siendo durísimas. Y sí, eso hace más difícil recorrer un camino parecido. Sería ingenuo negarlo.

Pero tampoco quiero usar eso como excusa para no hacer nada. Porque incluso reconociendo que no tenemos ese mismo contexto, la pregunta sigue viva y sigue siendo urgente: ¿qué podemos hacer con lo que sí tenemos? ¿Cómo empezamos a cambiar, al menos, la manera en que estamos viendo el deporte? ¿Cómo dejamos de pensar que formar es presionar, seleccionar y descartar rápido?

Cambiar de mentalidad es difícil, claro que sí. Es retador. Pero justamente por eso hay que empezar por algo. Y yo sí creo que esos tres puntos que he venido nombrando, aunque parezcan parte de una fórmula básica, pueden abrir una conversación enorme: disfrutar el deporte, bajar la presión y permitir explorar varios deportes antes de encasillar.


Tal vez ahí está la verdadera eclosión del deporte noruego. No en que seleccionaron mejor. No en que encontraron una fórmula secreta. No en que nacieron con más talento que el resto.

Lo que hicieron fue desarrollar mejor. Más personas. Durante más tiempo. Con menos afán. Con menos presión. Con más disfrute. Con más posibilidades. Con una idea del deporte que no arranca expulsando, sino acogiendo.

Y esa conversación, para un país como Colombia, debería resultarnos incómoda y urgente al mismo tiempo. Porque tal vez no es que nos falte talento. Tal vez lo que hacemos muy bien es perderlo demasiado temprano. Tal vez el problema no está en la base de nuestros deportistas, sino en la pobreza de muchas de nuestras decisiones, en la ansiedad por mostrar resultados rápidos y en esa costumbre de creer que formar es seleccionar.

No, no tenemos las mismas condiciones de Noruega. No tenemos todavía esa estructura social ni económica. Pero eso no significa que no podamos empezar. Y a veces empezar no es poca cosa. A veces empezar ya es una forma de cambiar el juego.

Por ahora, empezar por disfrutar más, presionar menos y explorar mejor no suena a una gran revolución. Pero de pronto sí lo es.

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