Lo que callamos las y los administradores deportivos: lo que deberíamos empezar a decir sin pena y sin permiso

Lo que callamos las y los administradores deportivos: lo que deberíamos empezar a decir sin pena y sin permiso
¿Y si el problema no fuera el talento, ni la pasión, ni las ganas… sino lo que pasa cuando nadie administra, ni gerencia en serio? Este artículo no viene a señalar culpables: viene a nombrar lo que se calla y a ponerle estructura a lo que el deporte sueña. Hablemos de administración y gerencia deportiva como lo que son: el puente entre la energía del juego y la evolución de la industria. Sin pena. Y sin permiso.

Una profesión que existe, pero no pesa como debería

En Colombia existe una profesión creada hace más de 30 años para gerenciar el deporte con rigor, método y visión. Sin embargo, en la práctica, sigue siendo una de las más subestimadas dentro de la industria deportiva.


El mito del “con un poquito alcanza”

Se volvió normal escuchar —y peor aún, creer— que con “un poquito” de administración alcanza para dirigir un club, una escuela, una liga, una federación, mejor dicho un organismo deportivo u organización deportiva. Como si el deporte se sostuviera solo con ganas, carisma y sentido común. Y ojo: es cierto que hay personas brillantes que, sin formación, han construido casos admirables. Sería injusto negarlo.


La pregunta incómoda que nadie quiere responder

Pero ahí aparece la pregunta incómoda: si aun con formación se toman decisiones que cuestan dinero, desgastan equipos y frenan procesos, ¿qué pasa cuando se gestiona sin herramientas, sin estructura y sin criterio técnico? ¿Cuántas oportunidades se pierden por errores que eran evitables? ¿Cuántos proyectos se caen no por falta de talento deportivo, sino por falta de gestión?


 

La analogía que incomoda, pero aclara

A mí, que me encantan las analogías, voy a explicarlo con la medicina. Y antes de que alguien lo piense: no es comparable. En medicina está en juego la vida, y por eso nadie se atreve a improvisar. Nadie pondría a un médico general a hacer una cirugía de corazón abierto. Nadie esperaría que una neuróloga realizara una citología. Sí, todos parten de una base, pero la diferencia la marcan la precisión, la exactitud y el rigor.


La salud del deporte también se puede enfermar

Con el deporte no estamos hablando de ese nivel de impacto vital, pero sí de algo que también se puede enfermar: la salud del deporte como sistema. Cuando se improvisa en la administración, se pierden recursos, se desgastan equipos, se frenan procesos, se apagan talentos y se repiten errores que ya deberían estar superados. Y eso, aunque no salga en los titulares, si sale caro.


La trampa de “todos sabemos”

 
Las cosas “mejor que el otro” se nos volvieron reflejo. En el deporte todos sabemos. Sabemos ser mejores técnicos. Sabemos ser mejores presidentas, vocales, gerentes. Sabemos pegarle mejor al balón, rematar mejor, correr mejor. Sabemos incluso cómo deberían ser los uniformes y hasta cómo “poner orden” para que nos los entreguen más rápido. Sabemos y sabemos y sabemos.


Cuando la improvisación se disfraza de liderazgo

Y esa certeza permanente tiene un efecto colateral: nos hace creer que administrar también es intuitivo, que cualquiera puede hacerlo con “un poquito” de lógica, carácter y ganas. Como si la administración deportiva fuera el único rol que no necesita rigor. Esto no pasa solo en el deporte, claro: para cualquier tema siempre hay alguien con “la fórmula”. Pero en el deporte esa fórmula se vuelve peligrosa porque la improvisación se disfraza de liderazgo… y termina saliendo cara.
 
 
Estoy lejos de creer que la administración deportiva vaya a “salvar” al deporte. El deporte ha funcionado —incluso en pandemia— porque es resiliente, porque la gente lo sostiene con pasión y porque siempre encuentra cómo jugar. Pero si la industria del deporte quiere desarrollarse, innovar, crear y crecer sin volver siempre al mismo punto, tiene que tomarse en serio la administración y la gerencia deportiva.

Y ahí les dejo esta pregunta: ¿por qué actuamos como divorciados cuando ni siquiera nos hemos casado… y es más, cuando ni siquiera hemos salido en serio? Dejemos de poncharnos y empecemos a embasarnos.

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